Un cinéfilo, con amor.

La fantasía se convierte en realidad. Se sienten en la cinemateca años de dedicación al arte que por su propia técnica convierte las imágenes fijas en movimiento. La sucesión de fotos del caballo, que gracias a su proyección multiplicada hizo posible el cine allá por el siglo XIX, se vuelven la representación de la primera parte de esta ficción. Sin ser proyectados a una cantidad de fotogramas por segundo esas imágenes son sólo planos aislados. El cine necesita de la técnica para subsistir. Sin proyector no hay película. Sin fondos, no hay cinemateca. Sin rédito, no hay quien aporte fondos, porque para algunos la cultura se basa en la industria y los pulmones no alcanzan para llevarla a cabo. De esto se trata la película, haciendo foco en un personaje particularmente abnegado por la causa.

Si no fuese por las llamadas a su padre, parecería que el personaje vive allí, rodeado de metraje de fílmico, de VHS donde se oculta la llave que da vida a la salas. De herramientas para arreglar asientos, de un pequeño interés por una mujer, que lo hace practicar en solitario la invitación a tomar un café que sabe va a rechazar. De repente todo termina. La pantalla desaparece, y ese vacío congela el alma del cine, del espectador. Jorge queda aislado de su mundo y sale a una calle transitada, sin dirección, con sólo una idea que florece de forma desbocada, la de poder conquistar a esa mujer en la llanura oriental. Los matices se vuelven clásicos, se vuelven cinematográficamente absolutos.

Él va en busca de ella, que antes rechazó cordialmente un café, y tiene dos horas para esperarla, las dos horas más absurdas y satisfactorias de su vida. La cinematografía de su realidad. Fuera de la cinemateca, pero dentro del cine que siempre vio, comentó y proyectó. Su vida se vuelve una película en la que se le anima a todo, y a todos. Deja el cine detrás del proyector, para volverse actor. Da clases que no le corresponden, da una lección sobre la mentira, esa misma mentira que nos hace creer que no existen los 24 cuadros, que la película no se compone de fotogramas. Se anima a mirarse, a transformarse, a dejar sus cosas viejas, a bailar en una escalera. Ahí es cuando se anima a volver al cine como espectador, y lo logra acompañado.

Federico ‘Cote’ Veiroj, director de este homenaje al cine, conocido por su anterior película Acné, unetodos los vértices que hacen posible la existencia de una película, más allá de la filmación donde él pone su aporte. El protagonista, no por casualidad devenido en actor, es Jorge Jellinek y su participación hace completa esta gran figura geométrica imaginaria. Cómo crítico opera desde dentro mismo de la cinematografía. La vida útil, repleta de contrastes cinéfilos, envuelta en un blanco y negro que en la segunda parte se vuelve aún más verídico en su intención. Con música que reaviva las imágenes, que las lleva a cumplir su cometido de incitar al espectador a disfrutar la película en sí misma, y la del protagonista. La vida cine.

By Soledad Bianchi

Anuncios

2 comentarios on “Un cinéfilo, con amor.”

  1. RaroVHS dice:

    Muy buena crítica, ponganle el autor! Parece que hay varias películas sobre la cinefilia en el festival, no?

  2. Fake español dice:

    Apareció la maga!


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s