Carta al Padre

Novias madrinas 15 años, BAFICI 2011

Mi terapeuta me dijo una vez, que uno se empieza a definir como hombre cuando habla de su padre. Los hermanos Levy hicieron lo propio y se calzaron los largos en la competencia nacional del 13º BAFICI. Gran debut a manos de un documental plagado de personajes exóticos rescatados de una sedería.
Entre paños y sedas se presentan los aparentes protagonistas, versátiles, divertidos y distintos entre sí. Cada cual, bien definido, le suma textura a la historia. Pero dentro de este docu-comedia-judía se esconde un fin kafkiano. Diego y Pablo Levy le filman una carta al padre. Los reproches y agradecimientos no vendrán en una larga factura manuscrita sino mediante las imágenes e historias de vida de sus personajes. Entre retazos de telas y anécdotas irán construyendo al padre. Al Negro, como le dicen. Una cámara tímida lo seguirá siempre desde abajo, como queriendo no molestar, reproduciendo el punto de vista del niño, del hijo. Una mirada llena de admiración y respeto. Una mirada con tanto respeto que no llega a involucrarse. Mantiene una distancia que no mantiene con los otros protagonistas. Se agiganta y mistifica la figura de “el negro”. A través de ellos ahondará en su carácter. Lo dictatorial y solidario, su fe y descreimiento, su humor irónico y su mal humor, su cara de culo y su… su cara de culo. También su visión de los hijos, el fracaso de no convencerlos de seguir con el negocio familiar y el orgullo de haberles dado todo para que pudieran ser lo que ellos quisieran. En fin, miles de aristas que forman a una persona escabullida en una vida de sedería.

GJGS

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Un documental de ficción: directed by Jorge Mario.

La tecnología analógica que hace posible el uso familiar del cine es el Súper 8. Con su apogeo en los 70′, miles de personas pudieron acceder, hasta con micrófono para grabar sonido directo, a este nuevo medio que se fue adaptando para el uso práctico doméstico. Gran novedad para registrar acontecimientos. Este recurso es representado por un objeto que causa diferentes reacciones ante su presencia: la cámara, la novedad temida, amada, ignorada por quienes se enfrentaban a ella.

En la gran introducción de Amateur, transcurren imágenes filmadas con ese formato ejemplificando el uso familiar del mismo, con un narrador que enumera los diferentes recursos utilizados. Las piezas son unidas por la recurrente estética de los paisajes, los típicos saludos arengados por el camarógrafo de turno, la afinidad para proyectar visiones caseras de la realidad. Found footage de imágenes, montadas por la homogeneidad de uso de los activos sujetos filmantes. Frenkel logra con esto marcar la tendencia de época, las reacciones ante y desde la cámara, siendo el silencioso objetivo ejemplificar las diferencias y similitudes que poseen estos films con los del creador de Winchester Martin. Jorge Mario, encerrado en Concordia, es el responsable del nacimiento de este personaje, que debe vengarse porque unos malhechores mataron, entre otras cosas, a su mujer. Esta ficción casera con encuadres Spaguetti Western es la que argumentalmente nos permite conocer a este gran protagonista.

La valentía tras la cámara, reviviendo las aventuras que el cine le dejó, desde el contenido, pero también desde su forma. Jorge Mario usa el Súper 8 para trascender el formato familiar con una idónea afición amateur. Con sueños de estatuillas doradas, pero siempre entendiéndose aficionado. Su motivación: The Way of Gaucho, filmada allá en su pueblo cuando era un niño. Ahí conocemos el segundo hilo conductor de la película, el ombú, considerado por él como monumento histórico, pero ignorado por los demás habitantes, quienes desconocen tanto su existencia como la de Jaques Tourneur. Pero no solo es un cineasta aficionado, también es un fanático de todo lo que se pueda coleccionar, enumerar, imitar, reflexionar, hacer. Alguien que ante todo quiere conservar su vida, dejarla documentada y también honorificada cerca de los límites de su pueblo. Ofelia, la gran partenaire de esta historia, hasta el momento, quizás la única que conocía la entera fascinación de su esposo por el coleccionismo. Ella lo sigue y apoya, hasta sin quizás entenderlo. Cada traje que Ofelia le plancha a Jorge es un nuevo capítulo que Frenkel nos muestra de este personaje.

Un entusiasta de la melancolía. Súper héroe de las estadísticas de su propia vida. Él filma por atracción, pero también para tener algo que guardar y coleccionar. Lo hace porque vio como 13589 películas, contadas por él con exactitud matemática y anotadas una por una, con biografías de autores y actores. También lo hace para ganarse premios que él mismo crea. Para hacer películas, pero también para mostrarlas. Néstor Frenkel aprovecha el personaje de la mejor forma, volviéndolo mítico, mostrando todos sus hobbies, desde los deportivos hasta los artísticos, los ambiciosos y los inútiles.  El desglose de su vida, sus gustos, el retrato de cada gesto, de las actitudes y emociones que comparte con quienes lo rodean. Con tono de comedia, este documental deja una marca en el decimotercer Bafici, como tiempo atrás hizo con Construcción de una ciudad. Un placer vivir la historia del odontólogo multifacético de Concordia, con una película que apela a la realidad, porque supera a la ficción.

By Soledad Bianchi


Un Mundo Errante

Escribiendo una nota sobre el film de Rodrigo Moreno me vi encerrado en frases estiradas, párrafos que no dicen nada y contenidos vacíos. Prácticamente estaba proyectando los tiempos muertos de la película en la crítica pero no como recurso estilístico. Y para que no se levanten de la computadora y se vayan sin leer la nota decidí hacer un punteo práctico y fácil para comprender éste, Un  Mundo Misterioso.

–         El tiempo: Eje de la película. El director reflexiona, experimenta y juega con su personaje, el espectador y las sensaciones de estados anímicos y malestares que el tiempo produce. Los interminables tiempos muertos, la estaticidad de los protagonistas, los planos sostenidos y la duración del film: todos recursos que suman al agobio temporal.

–         Tiempo como motor: El tiempo se transforma en espacio y el espacio en distancia. Y la distancia hay que recorrerla. Lo que a simple vista parecía anclar, en realidad destraba.

–         Viaje iniciático: Boris comienza un viaje en donde se redescubre. Sutil ironía de Moreno que su transporte sea un auto construido en un país ex Unión soviética de Europa del este. Encima es un Renault 6 rebautizado toskha. Se burla de la identidad, sus personajes no parecen tenerla, se manejan en un mundo falso, hipócrita. Todo es una farsa.

–         Bacilo Bressoneano: Como lo explicitó en la pantalla y confirmo en conferencia después de la función en el Atlas Sta. Fe, Robert Bresson infectó el estilo de la película. Es muy probable que se haya contagiado por Martín Rejtman, citado intertextualmente a través de  Ingrid (Rosario Blefari) también conocida como Silvia Prieto.

–         Autoconciencia: Hasta la médula. Desde el comienzo nos avisa mediante los diálogos de los personajes. Las primeras palabras que se dicen en la película son “Nos tenemos que tomar un tiempo”. Como Boris, el espectador queda perplejo sin comprender como se mide ese tiempo. Eso lo descubriremos durante el desarrollo. Otra referencia a su cine dentro del film es la escena en que los amigos se cruzan en la librería. “El autor del libro se toma ciertas libertades que no se tomó en su opera prima (…), mejor que sea en la segunda y no en la primera sino iba a terminar haciendo Best Sellers”. Moreno se despega de la imagen de El Custodio, y va por algo menos digerible para desgracia de nuestro colega de Escribiendo cine. O la frase “La novela comienza bien pero después se va perdiendo en detalles sin importancia y termina no pasando nada (…) ¿y el final? No sé, no pasa nada”. El que avisa no traiciona… 

–         Lo análogo: Dijo Moreno terminada la función que filmó toda la película en formato 1:1´37. El formato de las primeras películas, mucho más cuadrado, anti panorámico, anti LCD. La elección estética responde a un capricho. Quería que en la escena en que Boris fumaba un porro, al convidar todos le dijeran que no y que ese no, quedara fuera de campo y la única forma física de filmarlo era en ese formato. Paradójico es que en una película de casi dos horas donde se le da tanta importancia al tiempo, la escena más corta (dos minutos aprox.) defina los otros 118 minutos restantes. Lo cierto es que el formato exalta la sensación de ansiedad, encierro y rigidez de los personajes.

–         Conclusión: Pasado el primer tercio del film (el más dinámico y divertido) la película tiende a volverse demasiado distanciadora y el espectador comienza un duelo consigo mismo viendo cuanto dura sosteniendo la mirada en la pantalla antes de mirar para el costado a ver si su compañero de butaca lo sufre tanto como él. Más que un mundo misterioso Moreno nos presento un mundo errante en donde las ideas vagan sueltas y queda en uno anclarlas con nuestras mejores competencias posibles.


By GJGS

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Karin Idelson presents; 69 love songs

En Canción de Amor, la mirada y sobre todo el oído se posan sobre la vida cotidiana de los personajes del film. Se hace hincapié en la musicalización de sus tareas rutinarias. La particularidad y nexo entre todas las historias son las canciones de amor. Algunas en versiones exóticas, bastardas o adaptaciones de dudoso gusto.

La película empieza muy eufórica dando la sensación de que en la sala iban a terminar todos saltando y cantando las canciones arriba de las butacas, tal como Sergio Wolf, su presentador, arengó. Sin embargo, transcurrida la primera parte, el film baja su intensidad, cambia su ritmo y termina centrando la atención en los sonidos ambientales, que al principio parecían quedar relegados a un segundo plano sonoro. Eso no ocurre y los roles se invierten. Los ruidos urbanos acaban siendo la verdadera banda sonora de nuestras vidas, haciendo la base rítmica de esas canciones que escuchamos a diario.

Karin es fotógrafa y tiene muchos trabajos que respaldan su currículum. La influencia misma de la fotografía se nota en cada plano y cada encuadre del film. Por momentos demasiado estáticos y con primeros planos que nos aíslan del espacio no dejándonos tener una confiable noción del mismo y en consecuencia nos sumerge en el sonido flotante.

Canción de Amor trasciende su destino clippero y escapa al lugar común del documental de observación enlazando los fragmentos de ciudad orquestando sus ecos urbanos.

By GJGS


Wichis para todos

Parte del encanto de los festivales de cine es el raid de películas totalmente desconocidas a las que uno se enfrenta sin una intensión previa. Algún hueco en el fixture personal nos obliga a aventurarnos a cualquier función que tengamos a mano. Es jugarte un pleno, all-in. Tenés todo por ganar y nada que perder. Es eso o te quedas matando el tiempo en el StarBucks. Cuando le pegás la sensación es maravillosa. Sentís que el festival ya valió la pena y querés compartir tu descubrimiento (casual) con el mundo.

Bueno, este no fue el caso. Sipo`hi – El lugar del maduré son de esos plomazos étnicos que el BAFICI tiene la mala costumbre de presentar. Una película bastante carente y monótona, quizás por su falta de recursos. Paneos sucios, trabados, y una desconexión narrativa entre las historias. Se abusa de la voz en off y se deja de lado el lenguaje de las imágenes. Se impone el Wichi. La tradición oral tiene que prevalecer, y se busca en la pantalla la forma de que esto suceda. Estamos en un mundo primitivo. Un mundo nostálgico que desconfía de lo nuevo. Desconfía del cine como recurso para comunicar su cultura a otras generaciones. Somos testigos de una comunidad que se desvanece en fade. Desgraciadamente la enorme carga de compromiso de la película no compensa sus propias deficiencias. Más allá de lo rico e interesante de los cuentos Wichis, el film termina por no comunicarse y por ende, manteniendo una distancia infranqueable.

By GJGS


Un cinéfilo, con amor.

La fantasía se convierte en realidad. Se sienten en la cinemateca años de dedicación al arte que por su propia técnica convierte las imágenes fijas en movimiento. La sucesión de fotos del caballo, que gracias a su proyección multiplicada hizo posible el cine allá por el siglo XIX, se vuelven la representación de la primera parte de esta ficción. Sin ser proyectados a una cantidad de fotogramas por segundo esas imágenes son sólo planos aislados. El cine necesita de la técnica para subsistir. Sin proyector no hay película. Sin fondos, no hay cinemateca. Sin rédito, no hay quien aporte fondos, porque para algunos la cultura se basa en la industria y los pulmones no alcanzan para llevarla a cabo. De esto se trata la película, haciendo foco en un personaje particularmente abnegado por la causa.

Si no fuese por las llamadas a su padre, parecería que el personaje vive allí, rodeado de metraje de fílmico, de VHS donde se oculta la llave que da vida a la salas. De herramientas para arreglar asientos, de un pequeño interés por una mujer, que lo hace practicar en solitario la invitación a tomar un café que sabe va a rechazar. De repente todo termina. La pantalla desaparece, y ese vacío congela el alma del cine, del espectador. Jorge queda aislado de su mundo y sale a una calle transitada, sin dirección, con sólo una idea que florece de forma desbocada, la de poder conquistar a esa mujer en la llanura oriental. Los matices se vuelven clásicos, se vuelven cinematográficamente absolutos.

Él va en busca de ella, que antes rechazó cordialmente un café, y tiene dos horas para esperarla, las dos horas más absurdas y satisfactorias de su vida. La cinematografía de su realidad. Fuera de la cinemateca, pero dentro del cine que siempre vio, comentó y proyectó. Su vida se vuelve una película en la que se le anima a todo, y a todos. Deja el cine detrás del proyector, para volverse actor. Da clases que no le corresponden, da una lección sobre la mentira, esa misma mentira que nos hace creer que no existen los 24 cuadros, que la película no se compone de fotogramas. Se anima a mirarse, a transformarse, a dejar sus cosas viejas, a bailar en una escalera. Ahí es cuando se anima a volver al cine como espectador, y lo logra acompañado.

Federico ‘Cote’ Veiroj, director de este homenaje al cine, conocido por su anterior película Acné, unetodos los vértices que hacen posible la existencia de una película, más allá de la filmación donde él pone su aporte. El protagonista, no por casualidad devenido en actor, es Jorge Jellinek y su participación hace completa esta gran figura geométrica imaginaria. Cómo crítico opera desde dentro mismo de la cinematografía. La vida útil, repleta de contrastes cinéfilos, envuelta en un blanco y negro que en la segunda parte se vuelve aún más verídico en su intención. Con música que reaviva las imágenes, que las lleva a cumplir su cometido de incitar al espectador a disfrutar la película en sí misma, y la del protagonista. La vida cine.

By Soledad Bianchi


Crítico de críticos

Estrenamos sección con otra nota de Ignacio Izaguirre repasando las repercusiones de The Rati Horror Show.

Vivan los críticos!

Cuando se estrenó El rati horror show en el BAFICI 2010, escribí esta nota. Creía que iba a ser el defensor solitario de un héroe despreciado por críticos esclarecidos, sedientos de sangre terrenal. Me preveía orgulloso, del lado del pueblo, contra la tiranía formalista de los lentes de marco grueso.

Sin embargo el héroe prevaleció.

La película de Enrique Piñeyro se estrenó en el circuito comercial y de dieciséis críticas y reseñas que pude relevar, sólo una es negativa. Carlos Federico Rey acá, se queja con razón -pero sin corazón- de la “megalomanía” y “la estupidez canchera” del director. El resto de los cronistas coincide en rescatar su capacidad para presentar los hechos y las pruebas. A varios se les adivina cierta antipatía por los vicios comentados por Rey. Acaso lo molesto de Piñeyro es la nula capacidad para reírse de sí mismo o mostrarse falible. Por eso la comparación que hace Javier Porta Fouz con Nani Moretti en la edición en papel de El amante/cine parece errada.

En todas las notas se impone un tono de entusiasmo y fervor; la película es apasionante y contagia ansias de justicia furiosa. Es necesaria y justa la mención de Diego Battle acá a los atributos masculinos del director. En todas, falta una mención más cariñosa a la hermosa maqueta viva en la que se reproducen los hechos.

Mi favorita es la de Horacio Bernades en Página/12. En su nota logra instalar la pregunta por el valor cinematográfico del film, exponer todo lo negativo (es el único que menciona lo ridículo de la escena en la que se le dispara a una media res, además de lo antipático del tono sobrador de Piñeyro y su narcisismo) y, aún así, no perder el entusiasmo ni debilitar su aprobación.

Me gustó también la nota de Diego Maté. Devela el misterio de la simpatía que despierta el director a pesar de todo: es su “carácter rebelde” lo que le da esa impronta de héroe. Además, Maté  pone el acento en el – muy contemporáneo- tema de los medios de comunicación. Uno de los grandes aciertos narrativos de El Rati… es la paciente y rigurosa transformación de una historia en su contraria. La historia a deconstruir aparece en el comienzo directamente tomada de los canales de noticias. El acusado -y fusilado- Fernando Carrera, al ser entrevistado en la cárcel en el 2007 dice premonitoriamente: “… la gente le cree a Clarín no a mí, yo haría lo mismo”. Cuando dice “Clarín” lo hace como genérico de “diario”. Hoy esa frase se carga de sentido.

Por un carril parecido anda Pablo Arahuete acá. Es el único en hacer notar que la mención a Kostecki, Santillán y el Puente Pueyrredón no es sólo la explicación de por qué Carrera hizo un recorrido diferente ese día. Las famosas “dos nuevas muertes” de Clarín y el facilísimo gatillo policial aparecen implícitamente en esa mención.

En el film hay además un personaje casi invisible a pesar de aparecer mucho en pantalla. Natalia Trzenko en La Nación lo compara bellamente con el Dr. Watson de Sherlock Holmes. Es Germán Cantore, el editor que hace las veces de interlocutor modesto de Piñeyro. Es el opuesto del director y al dialogar con él nos da el lugar de espectadores de cine, rescatándonos del de puros receptores de información.

Hay otros personajes más invisibles habitando la historia. Son las dos mujeres y el chico atropellados en el episodio. Casi no se mencionan ni hay familiares de ellos entrevistados. Queda para otra nota un análisis más detallado de estas ausencias. Se puede arriesgar una teoría: los críticos coinciden en que la película adopta el género policial detectivesco. Esos testimonios, más propio del drama, estaría entonces fuera de lugar.

Por último, hablando de personajes ausentes, no se menciona -pero se adivina- un grupo de médicos que atendieron a Fernando Carrera lleno de balas. Son los personajes más envidiables en toda esta historia. Pasaron de salvar a un asesino despiadado, a darle una oportunidad a la víctima de una injusticia insoportable. Me gusta imaginarlos sentados en el cine con cara de “ustedes no saben quién soy” y una sonrisa relajada.

By Ignacio Izaguirre

La nota pudo leerse originalmente acá