Chéjov, lo absurdo y lo Hendler

Es increíble lo instaurada que está dentro de la pantalla la imagen de Hendler. Un personaje que responde a su propio Star system; tímido, expresivamente introspectivo y algo neurótico. Maravilloso es como llena ese vacío en la pantalla con su no-acción o su acción interrumpida, fallida, reprimida. Mejor aún es ver como devora los límites, volviéndose omnipresente. Gracias a Hendler ya no vamos a necesitar a Hendler. Trascendió al personaje, ahora es un fuera de campo o más aún, su propio género. Un género que le da identidad al nuevo cine Uruguayo.

Aún así, suena absurdo que un personaje tan Hendler no sea interpretado por él mismo. Casi tan absurdo como los cambios que sufre el protagonista de Norberto, apenas tarde cuando se ve hundido en la decadencia. Decadencia pasiva que es la generadora del conflicto, y como todo conflicto a lo Hendler, no se lo combate sino que se acentúa hasta llegar a la ridiculez.

Sepan disculpar la incapacidad de omitir “Hendler” del crítico quien cayó en eso ya 6, 7, 8 veces en 2 párrafos. Es muy difícil omitirlo se respira en cada plano. Incluso él mismo lucha con la dualidad, en el límite de lo autorreferencial  (la crisis de los 30 y pico) y el desligue del estereotipo (cameo sonoro donde casi no se lo reconoce, diciendo que está por comenzar el segundo acto).

Siendo perspicaces podemos suponer que la adaptación, reinterpretación o diálogo con Las Gaviotas de Chéjov fue la forma de resolver dicho conflicto de representación. Una obra dentro de otra obra donde los personajes, relacionados de una u otra forma con el mundo del teatro, discuten sobre la creación, la representación y sus propias vidas con las que llegan a mezclar los límites. Persona, actor y director se superponen. Al igual que el protagonista quien se identifica con su papel, adopta sus cualidades y asume su nuevo rol. Así como, desde ahora, Daniel adopta su papel de director.


 GJGS

 Trailer:

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