Un Mundo Errante

Escribiendo una nota sobre el film de Rodrigo Moreno me vi encerrado en frases estiradas, párrafos que no dicen nada y contenidos vacíos. Prácticamente estaba proyectando los tiempos muertos de la película en la crítica pero no como recurso estilístico. Y para que no se levanten de la computadora y se vayan sin leer la nota decidí hacer un punteo práctico y fácil para comprender éste, Un  Mundo Misterioso.

–         El tiempo: Eje de la película. El director reflexiona, experimenta y juega con su personaje, el espectador y las sensaciones de estados anímicos y malestares que el tiempo produce. Los interminables tiempos muertos, la estaticidad de los protagonistas, los planos sostenidos y la duración del film: todos recursos que suman al agobio temporal.

–         Tiempo como motor: El tiempo se transforma en espacio y el espacio en distancia. Y la distancia hay que recorrerla. Lo que a simple vista parecía anclar, en realidad destraba.

–         Viaje iniciático: Boris comienza un viaje en donde se redescubre. Sutil ironía de Moreno que su transporte sea un auto construido en un país ex Unión soviética de Europa del este. Encima es un Renault 6 rebautizado toskha. Se burla de la identidad, sus personajes no parecen tenerla, se manejan en un mundo falso, hipócrita. Todo es una farsa.

–         Bacilo Bressoneano: Como lo explicitó en la pantalla y confirmo en conferencia después de la función en el Atlas Sta. Fe, Robert Bresson infectó el estilo de la película. Es muy probable que se haya contagiado por Martín Rejtman, citado intertextualmente a través de  Ingrid (Rosario Blefari) también conocida como Silvia Prieto.

–         Autoconciencia: Hasta la médula. Desde el comienzo nos avisa mediante los diálogos de los personajes. Las primeras palabras que se dicen en la película son “Nos tenemos que tomar un tiempo”. Como Boris, el espectador queda perplejo sin comprender como se mide ese tiempo. Eso lo descubriremos durante el desarrollo. Otra referencia a su cine dentro del film es la escena en que los amigos se cruzan en la librería. “El autor del libro se toma ciertas libertades que no se tomó en su opera prima (…), mejor que sea en la segunda y no en la primera sino iba a terminar haciendo Best Sellers”. Moreno se despega de la imagen de El Custodio, y va por algo menos digerible para desgracia de nuestro colega de Escribiendo cine. O la frase “La novela comienza bien pero después se va perdiendo en detalles sin importancia y termina no pasando nada (…) ¿y el final? No sé, no pasa nada”. El que avisa no traiciona… 

–         Lo análogo: Dijo Moreno terminada la función que filmó toda la película en formato 1:1´37. El formato de las primeras películas, mucho más cuadrado, anti panorámico, anti LCD. La elección estética responde a un capricho. Quería que en la escena en que Boris fumaba un porro, al convidar todos le dijeran que no y que ese no, quedara fuera de campo y la única forma física de filmarlo era en ese formato. Paradójico es que en una película de casi dos horas donde se le da tanta importancia al tiempo, la escena más corta (dos minutos aprox.) defina los otros 118 minutos restantes. Lo cierto es que el formato exalta la sensación de ansiedad, encierro y rigidez de los personajes.

–         Conclusión: Pasado el primer tercio del film (el más dinámico y divertido) la película tiende a volverse demasiado distanciadora y el espectador comienza un duelo consigo mismo viendo cuanto dura sosteniendo la mirada en la pantalla antes de mirar para el costado a ver si su compañero de butaca lo sufre tanto como él. Más que un mundo misterioso Moreno nos presento un mundo errante en donde las ideas vagan sueltas y queda en uno anclarlas con nuestras mejores competencias posibles.


By GJGS

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